Por qué no sirven las categorías de adultos
El IMC es peso dividido por la talla al cuadrado, y esa fórmula no cambia entre un niño y un adulto. Lo que cambia es cómo interpretarlo: en la infancia el porcentaje de grasa corporal varía de forma marcada y predecible con la edad —baja tras el primer año, sube de nuevo antes de la pubertad en el llamado «rebote adiposo»—, así que el mismo IMC de 17 puede ser bajo, normal o alto según el niño tenga 3, 6 u 11 años.
La solución que usan pediatras de todo el mundo es la misma que para el peso: convertir el IMC en un percentil dentro de una tabla de referencia específica por edad y sexo. Esta calculadora usa las tablas del CDC de EE. UU. (2000), la referencia más citada a partir de los 2 años.
Las cuatro bandas oficiales
El propio CDC define cuatro categorías a partir del percentil:
- Por debajo del percentil 5: bajo peso.
- Del percentil 5 al 85: peso saludable.
- Del percentil 85 al 95: sobrepeso.
- Por encima del percentil 95: obesidad.
Un límite real de este método, con honestidad
El propio CDC reconoce una limitación técnica: en los extremos de sus tablas, el parámetro estadístico L (que da forma a la curva) se vuelve tan negativo que la fórmula deja de comportarse con sentido para IMC muy altos, y puede devolver percentiles poco fiables por encima del 97 aproximadamente. Desde 2022 el CDC publica unas «puntuaciones z extendidas de IMC» pensadas justo para esos casos extremos, con una fórmula distinta a la tabla estándar. Esta calculadora usa la tabla estándar, así que para un IMC muy por encima del percentil 97 el resultado hay que tomarlo como una señal de «hay que revisarlo con un pediatra», no como una cifra exacta.
Qué mirar además del número
El IMC no distingue entre grasa y músculo: un niño muy musculoso puede salir en «sobrepeso» sin tener exceso de grasa. Y, como con el peso, lo que de verdad importa clínicamente es la tendencia a lo largo de las revisiones —un salto brusco de percentil en poco tiempo dice más que la foto de un solo día—.