El modelo de dos genes
Desde 1907 se enseña una versión simplificada según la cual el color de ojos sigue una jerarquía de dominancia: marrón domina sobre verde, y verde domina sobre azul. El azul es la variante recesiva: para que un hijo tenga ojos azules, necesita heredar la versión «azul» del gen de sus dos padres.
Esto explica el patrón más conocido: dos padres de ojos azules casi siempre tienen hijos de ojos azules, porque ambos solo pueden pasarle esa versión del gen. Y explica también la sorpresa contraria: dos padres de ojos marrones pueden tener un hijo de ojos azules, si los dos llevan oculta —sin saberlo— una copia del alelo azul heredada de algún abuelo.
Por qué el resultado es un rango, no un número
Mirar el color de ojos de alguien no dice si lleva una o dos copias del alelo dominante: un padre de ojos marrones puede ser «puro» para marrón o puede ser portador oculto de azul, y por fuera se ven exactamente igual. Sin esa información no hay manera honesta de dar un porcentaje —cualquier calculadora que lo haga está suponiendo un genotipo que no puede conocer.
Por eso esta herramienta clasifica los colores posibles en tres niveles: esperables (lo más probable dada la genética conocida de la pareja), posibles (ocurren cuando hay un alelo oculto de por medio) y raros (sucesos que el modelo de 1907 no explica bien, normalmente porque hay más genes implicados de los que este modelo simplificado tiene en cuenta).
Lo que el modelo de 1907 no explica
El color de ojos real no depende de dos genes, sino de al menos dieciséis, según la revisión de Sturm y Larsson de 2009. Los principales son OCA2 y HERC2, que regulan cuánta melanina se deposita en el iris, pero hay más genes que matizan tonos —el avellana, los ojos con motas, la heterocromía— que este modelo clásico ni intenta predecir.
También cambia con la edad: muchos bebés nacen con ojos azul grisáceo que se oscurecen en los primeros 6 a 12 meses de vida, a medida que se acumula melanina en el iris. El color definitivo no suele fijarse hasta pasado el primer año, así que el azul de un recién nacido no siempre predice el azul del adulto.
¿Y el pelo?
El color de pelo tiene la misma complejidad de fondo —también es poligénico— con una excepción notable: el pelo rojo. Está ligado en gran medida a un solo gen, MC1R, y es recesivo: hacen falta dos copias de una variante «no funcional» de ese gen para tener el pelo rojo, algo bien documentado desde los trabajos de Valverde y colaboradores en los años 90.
Eso explica por qué el pelo rojo puede «saltarse» generaciones enteras y reaparecer de pronto: dos padres sin un solo pelo rojo pueden ser ambos portadores silenciosos de una copia de esa variante, y coincidir en el hijo. No hay una calculadora fiable para esto sin conocer el genotipo de MC1R de los padres, así que aquí se queda en explicación, no en número.