Cómo se calcula
La herramienta usa la talla diana de Tanner, publicada en 1970 y todavía hoy la referencia de cabecera en pediatría. Es una media de la estatura de los dos padres, corregida por sexo:
- Para un niño: (estatura del padre + estatura de la madre + 13) ÷ 2
- Para una niña: (estatura del padre + estatura de la madre − 13) ÷ 2
De dónde salen esos 13 centímetros
No son un número arbitrario: es la diferencia media de estatura entre hombres y mujeres adultos. Al predecir la altura de un niño se le suman a la madre para llevar su talla a la escala masculina; al predecir la de una niña se le restan al padre, por el motivo simétrico.
Un ejemplo con números: padre de 178 cm y madre de 165 cm. Para un hijo varón, (178 + 165 + 13) ÷ 2 = 178 cm. Para una hija, (178 + 165 − 13) ÷ 2 = 165 cm.
Qué significa el margen de ±8,5 cm
El resultado no es una cifra, es un rango. Tanner acompañó su fórmula de un intervalo de ±8,5 centímetros que refleja la variación entre hermanos de una misma familia: dos hijos de los mismos padres no acaban midiendo lo mismo, y esa dispersión ya está contada aquí.
Dicho de otro modo: si la talla diana sale en 178 cm, lo esperable es una estatura adulta entre 169,5 y 186,5 cm. La probabilidad de terminar fuera de ese rango ronda el 3%: baja, pero no nula.
Ese margen es la razón por la que un pediatra nunca dice «tu hijo medirá 178». Dice «está dentro de su carril familiar» o «se está saliendo de él», que es una información completamente distinta y mucho más útil.
Dónde falla la fórmula
Conviene saberlo antes de tomarse el número demasiado en serio. Una revisión publicada en BMC Pediatrics en 2025 analizó la exactitud de la fórmula de Tanner y encontró un sesgo sistemático: tiende a subestimar la estatura adulta en hijos de padres muy bajos. La consecuencia práctica es que a esos niños se les atribuye menos potencial de crecimiento del que realmente tienen.
Los autores de ese trabajo recomiendan sustituirla por el método de Hermanussen y Cole (2003), que corrige el sesgo teniendo en cuenta la correlación real entre la talla de padres e hijos y el hecho de que las personas tienden a emparejarse con alguien de estatura parecida. Esa fórmula no está implementada aquí, y es una decisión deliberada: su formulación completa está en el artículo original y programarla de memoria sería inventar números. Si tu caso es el de padres en los extremos de la distribución, tómate el resultado de esta página con esa reserva.
Hay además factores que ninguna fórmula basada solo en los padres puede ver: la nutrición durante la infancia, las enfermedades crónicas, el momento en que arranca la pubertad —una pubertad muy temprana acorta el tiempo de crecimiento— y la llamada tendencia secular, ese fenómeno por el que cada generación ha ido siendo algo más alta que la anterior en buena parte del mundo.
Otras formas de estimarla
Existen métodos alternativos, cada uno con sus pegas:
- Duplicar la estatura a los 2 años (en niños) o a los 18 meses (en niñas). Es una regla de andar por casa, muy popular y bastante imprecisa.
- El método de Khamis-Roche, que combina la talla y el peso actuales del niño con la de los padres. Es más exacto que Tanner, pero necesita tablas de coeficientes por edad que no son de dominio público.
- La edad ósea, a partir de una radiografía de la mano izquierda. Es el método más fiable, y por eso es el que usa un endocrinólogo pediátrico cuando hay una sospecha real de trastorno del crecimiento. No es algo que se haga por curiosidad.
Cuándo esto deja de ser una curiosidad
Esta página es entretenimiento informado. Lo que sí conviene consultar con el pediatra es un patrón de crecimiento, no una predicción: un niño que cambia de percentil bruscamente, que lleva tiempo estancado, o que se aparta mucho del carril de su familia sin explicación. Eso se ve siguiendo su curva a lo largo del tiempo en las revisiones, no con una fórmula.